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Cuál fue primero, cómo se fundaron, qué papel juegan en la cotidianidad de la ciudad.

IMG 9522Este texto de John Jaramillo Ramírez nos ilustra acerca de una historia en la que espacios, personajes y comunidad crearon un patrimonio eterno, con orígenes que vale la pena conocer.                 

Un parque, según el Diccionario de la Real Academia, es un “terreno destinado en el interior de una población a prados, jardines y arbolado para recreo y ornato”. Esta acepción la cumplen a cabalidad los que existen en nuestra ciudad.

El más antiguo es el Parque Sucre, obra de don Victoriano Villegas cuando era inspector de policía en Junín y que fuera entregado a los armenios una noche de los albores del siglo XX con una magistral pieza oratoria del doctor Eleuterio Serna, cuando apenas comenzaba a echar raíces la majestuosa Ceiba que plantaron don Daniel Vélez y don Toto Rivera.

Parque de los AborígenesLuego fue el Parque Uribe al final de la Calle de Sevilla y homenaje al gran partido liberal, General Rafael Uribe Uribe, cuya apología hiciera el día de la inauguración un joven que después sería conocido por su elocuencia: Flaminio Lombana Villegas.

La celebración de los 75 años de fundación de la ciudad (Bodas de Diamante) dio origen a la construcción del Parque de los Fundadores, colocándose allí el más emblemático de nuestros símbolos: el tronco y el hacha, surgidos en 1939 de la genial creatividad del muy nuestro Roberto Henao Buriticá.

Más tarde, en el camino de El Bosque, “El Triángulo”, se convirtió en el Parque Valencia, testimonio de la gratitud de un pueblo al poeta payanés, de quien recibimos el título de “Ciudad Milagro”; en lo que había sido una cañada surge el Parque Cafetero y al norte el Parque de los Aborígenes, tributo a los hombres que hicieron grande el Quindío y a los primigenios pobladores.

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