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Con Johan Cubillos, un avezado camarógrafo quindiano, teníamos la tarea de grabar la experiencia del parapente, aunque ni él ni yo habíamos volado antes.

Fue después del medio día de un lunes. La temperatura estaba sobre 20 grados centígrados, aunque nubes a lo lejos podrían prever un aplazamiento de la actividad.

Ya habíamos coordinado con el parapentista profesional y casi sobre las dos de la tarde nos recogió en la plaza principal de Buenavista para llevarnos hasta el voladero Tres Cruces.

El reto era grande porque no solo se trataba de hacer un vuelo convencional, sino que se hacía necesaria la realización de un registro de imágenes para tomar incidencias de la experiencia y del entorno. Ello ameritaba cargar equipos de grabación y efectuar su manejo en tiempo real, muy pocos segundos para captar un mundo completo que se ponía frente a nosotros.

Volaría Cubillos con el profesional, yo esperaría otro momento para hacer lo propio. Con los implementos de seguridad puestos y las recomendaciones pertinentes, la tarea siguiente sería dar los pasos al vacío para ganar posición en el viento.

Con dos cámaras maniobradas desde el parapente y otra en tierra, quedó plasmada la inmensidad de una aventura fascinante, segura y adictiva. Para Johan todo el reconocimiento por su habilidad en el manejo de los equipos y para quienes observan el video, una invitación a sentir el Quindío desde la infinita belleza del Paisaje cultural Cafetero.

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